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Historia del Palacio de Rubianes (Cereceda) Piloña
 
El Palacio de Rubianes se encuentra situado en la falda Sur del hermoso macizo calizo del Sueve en la parroquia de San Vicente de Cereceda a 500 m. del núcleo rural de Sardea, Concejo de Piloña. (Principado de Asturias).
 
Se le menciona en varios documentos históricos, entre ellos:
 
·          En el documentado estudio publicado en el Boletín nº5 de la Academia Asturiana de Heráldica y Genealogía” de D. José Argüelles Martínez, titulado: “Señores de las Casas de Antayo y Rubianes, marqueses de Vista Alegre 1566-1794”.
·          Don Fermín Canella cita en su título sobre Piloña de la revista Asturias una ejecutoria de los Vista Alegre y a Pedro de Antayo que se casó con Dña. Lucía de Mendoza de la casa de Rubianes y Vista Alegre de Galicia que aportó crecida dote a la Casa piloñesa y que murió sin descendencia. En memoria de su amada mujer, construyó Pedro de Antayo solar, casa y torre.
·          En el libro “Noticias de un peregrino de Oviedo a Covadonga 1759” editado en Madrid en 1966, su autor: Eduardo Martínez- Hombre recrea la peregrinación realizada por el capitán ovetense D. Cipriano González Santirso, que en el año 1759 camina desde Oviedo a Covadonga, reconstruyendo en el capítulo 62 el siguiente relato: “ … al fondo septentrional de la Vega de Rubianes, está la Casa de Antayo. Estos Antayos que tuvieron aficiones y arte para la apertura de caminos, construyeron una amplia calzada, empedrada con riscos, que conducía hasta la Casa, orientada de norte a sur. La entrada principal de la Casa, estaba debajo de la espadaña, que mira hacia Sardeda, último lugar de la Parroquia  pues más septentrional está ya el alto monte de la ladera del Sueve. La Pared próxima a la Casa, dispone de varias entradillas en forma de habitaciones para almacén de materiales, vinos y comestibles. El agua sobrante o saliente del molino va por el canalillo rodeando la casa por el oeste, para ser utilizada en riego y proteger la fachada de hormigas y animalillos”
 
A finales del S.XVI  figuraban en diversos escritos los Antayos, en las tierras próximas a Sardeda por cuanto en 1637, el padrón, saliéndose de su laconismo habitual, menciona que Toribio de Antayo era Señor de las Casas de Rubianes, caballero principal de Casa y Solar conocidos y armas pintar.
 
Pero este caserón rústico no debe engañar al visitante sobre el destino principal de los Antayos, que si bien al principio lo debieron precisar para la agricultura y la ganadería, pronto orientaron sus proyectos a otros fines más ambiciosos. La prosperidad vino de las brillantes armas del ejército. Esta Casa pasó a ser cuartel de banderas castrense y absorbió a los hombres de aquella parroquia llamada antiguamente “Questa de Sueve” por lo que no debe extrañarnos que después de las Guerras de Portugal en 1703 abundaran las viudas empadronadas.
 
Al hijo de D. Toribio de Antayo, D. Luís María Unquera y Antayo, en vida de su madre, La Marquesa de Vista Alegre,  le fue concedido el título de Barón de la Vega de Rubianes y fue, después V Marqués de Vista Alegre y Señor de las Casas de Rubianes.
 
En el S.XIX las propiedades pertenecientes a la Casa de Rubianes pasaron a manos de  D. Francisco Martínez-Pérez; que era al mismo tiempo Señor de la Casa de los Casso de Sorríbas. En 1895 la Casa de Rubianes fue modernizada, elevándola una planta más en el cuerpo sur y ya se observa su presencia desde grandes distancias.
 
Los descendientes de D. Francisco Martínez – Pérez cuidan y mantienen los Palacios y las tierras de Sorribas y Rubianes. En el año 2005, decidieron abrir al público éste último, y convertirlo en el hermoso hotel, lleno de encanto y personalidad que disfrutamos en la actualidad.
 
Piloña conoce poco estas tierras de la Vega de Rubianes, y bien merece la pena una visita, porque la vista descansará en los matices diversos de los verdes prados y montañas; el pensamiento volará hacia la época de los valientes guerreros de Antayo, que simulaban ser labriegos para proteger esta vertiente meridional del hermoso macizo del Sueve, que en tiempo pretérito fue lugar sagrado dedicado al dios  íove. “…Divinidad de la puerta; de la eterna tormenta, que pone a los hombres en su lugar…”.
 
Y si el visitante quiere mirar mas lejos, el horizonte por el este le muestra la epopeya geológica de los Picos de Europa contemplados así por el conde Henry Russell: “ En el nombre mismo de los Picos de Europa hay no sé qué de vago, de simbólico y de severo, que nos hace soñar y parece decirnos que ciertamente aquí acaba el Viejo Mundo, que más allá no hay más que olas, que cerca de allí sus últimos vestigios se precipitan y desaparecen en los abismos impenetrables del Océano, para no volver a ver el día más que sobre las costas americanas… El fin de un continente tiene algo de majestuoso, de solemne y de melancólico, propio para inspirar a los pintores y a los poetas, para impresionar su imaginación e incluso para acelerar el latir de su corazón cuando el sol en su declinar viene a entristecer la escena, a calmar el viento y a abrazar los desolados y estériles acantilados donde la tierra es tragada por el mar”.
 

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